La tarde en el Gran Parque Central no fue la que todos soñábamos. En un partido donde los detalles y la actitud marcan la diferencia, Nacional se quedó corto de ideas y terminó pagando caro la falta de generación de fútbol.
El equipo de Jadson Viera no logró aceitar los circuitos y la preocupación queda instalada por el flojo funcionamiento colectivo.
Un equipo sin brújula y con el arco lejos
Lo que más dolió no fue solo el resultado, sino la poca claridad para generar peligro. Durante los 90 minutos, el Bolso se vio inconexo, con una tenencia de pelota que resultó ser estéril y previsible.
Sin profundidad: Las bandas no pesaron y los volantes no lograron filtrar pases que rompieran la última línea rival.
Pocas llegadas: Se pueden contar con los dedos de una mano las situaciones claras de gol. En un clásico, si no generás, es muy difícil rescatar algo.
Falta de rebeldía: Faltó ese cambio de ritmo necesario para descolocar a un rival que se sintió cómodo durante gran parte del encuentro.
Julián Millán: El único que entendió todo
En medio de un panorama gris, Julián Millán fue Luz. Fue, por lejos, el mejor de la cancha. Dejó el alma en cada dividida, demostrando la jerarquía que lo caracteriza.
Sin embargo, la noticia que termina de amargar la jornada es que este fue su último partido con la Blanca. Millán arma las valijas y se va para el Fluminense. Se nos va una pieza clave, el motor del mediocampo, y su ausencia se va a sentir (y mucho) en el esquema de Jadson Viera.
Por otro lado Sebastián Coates se retiró lesionado y será baja en Nacional.
A dar vuelta la página
Ahora toca masticar la bronca y trabajar. El cuerpo técnico tiene la tarea difícil de rearmar el funcionamiento del equipo sin su mejor figura y encontrar esa profundidad que hoy brilló por su ausencia. Nacional tiene que recuperar la memoria y el juego si quiere seguir siendo protagonista. 🇫🇷









