Papelón histórico

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Nacional quedó afuera de la Copa en un papelón histórico que exige cambios de raíz

La noche de ayer en el Gran Parque Central va a quedar guardada como una de las páginas más negras de nuestra historia contemporánea a nivel continental. No fue solo un empate 0 a 0 ante Universitario; fue la confirmación de un modelo deportivo agotado, la desidia de un plantel que no estuvo a la altura de la camiseta y una dirigencia que volvió a subestimar el panorama internacional. Quedamos afuera de la Copa Libertadores en un grupo donde el sorteo nos había guiñado el ojo: sin brasileros, sin argentinos, sin los cucos de Colombia ni de Chile. El único grande además de nosotros era el equipo peruano, y ni así nos dio la nafta. Bochornoso.

Nacional hoy no puede mirar a nadie por encima del hombro. Seguir viviendo de la historia en el fútbol moderno es de mediocres. El hincha se cansó de ir a pasear por América, de que el único objetivo sea pasar de fase de milagro. Esto exige un mea culpa profundo de los dirigentes y la estructura deportiva, un baño de humildad para replantearse las decisiones de los últimos 20 años.

Un equipo sin alma, sin piernas y sin ideas

El análisis táctico de los 90 minutos roza lo inexplicable. Nacional tenía la obligación absoluta de ganar para seguir con vida, y pateó una sola vez al arco. Así es imposible. El rendimiento general de los jugadores fue un desastre total, mostrando una alarmante falta de jerarquía para vestir estos colores en las paradas bravas.

Para colmo, el estado físico del plantel es preocupante: a partir del minuto 60 el equipo se cae a pedazos, los jugadores terminan caminando la cancha y, lógicamente, nublados por el cansancio, toman las peores decisiones posibles. A esto se le sumó la lectura del cuerpo técnico, que en el momento más caliente del partido perdió la brújula y tiró delanteros a la cancha por el simple hecho de acumular gente arriba, sin nadie que los abasteciera. Un desconcierto táctico alarmante.

Dentro de este panorama desértico, apenas dos gurises se salvan de la hoguera:

Tomás Viera: Se la bancó como un león en el fondo, cubriendo a diestra y siniestra los huecos enormes que dejaba el equipo.

Agustín Dos Santos: Jugó de volante central y metió un desgaste impresionante, intentando jugar siempre y empujar para adelante, aunque no tuvo un solo interlocutor en la mitad de la cancha que le devolviera una pared. Aguantó el mediocampo incluso tras la salida por lesión de Lucas Rodríguez, que obligó el ingreso de Luciano Boggio.

Las consecuencias de un mercado mal parido

Este fracaso no es casualidad, es causalidad. La dirigencia desarmó la columna vertebral del equipo y nos dejó con un solo número 5 natural en todo el plantel. Las ventajas que se dieron en el período de pases se pagaron carísimas anoche.

No se puede seguir dando manotazos de ahogado, cambiando técnicos con filosofías e identidades totalmente opuestas cada seis meses. Nacional necesita, de manera urgente, un proyecto deportivo serio y unificado que vaya desde AUFI y las formativas hasta el primer equipo. El próximo DT que asuya tiene que comulgar con esa única filosofía de juego. Hay que refundar las bases, formar a los gurises para que jueguen y triunfen en la primera de Nacional, y dejar de pensar en venderlos antes de que debuten.

Por el escudo, pero exigiendo cambios

La calentura es total y el plantel quedó en deuda con la gente. Ahora solo queda lo de siempre: apoyar a la institución, al escudo y a la camiseta, porque de esto salimos todos juntos. Pero ojo, salir juntos no significa mirar para el costado. Hay que poner el foco en cambiar muchísimo. Es hora de dejar el día a día y empezar a construir el Nacional del mañana. El hincha no aguanta más un papelón.

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