Hay una imagen del Morro que vuelve inmediatamente a la memoria: los brazos abiertos, la boca llena de gol y la camiseta de Nacional pegada al cuerpo. No hace falta recordar el partido exacto. El hincha reconoce enseguida lo que transmitía aquel festejo: fuerza, desahogo y un profundo sentido de pertenencia.

Este 14 de septiembre, Santiago García cumpliría 36 años. Y aunque el paso del tiempo intenta acomodar los recuerdos, hay futbolistas que permanecen asociados para siempre a una emoción. El Morro es uno de ellos.

Su historia en Primera comenzó de una manera que parecía escrita para anticipar todo lo que vendría después. El 27 de julio de 2008, con apenas 17 años, ingresó ante Defensor Sporting en la definición de la Liguilla. Llevaba la camiseta número 5, pero jugaba como lo que siempre fue: un goleador.

A los 69 minutos marcó el único tanto del encuentro y Nacional se quedó con el título. Debut, gol y vuelta olímpica. Tres momentos concentrados en una misma tarde para presentar a un delantero que nunca necesitó demasiado tiempo para hacerse notar.

Un goleador para los partidos importantes

Después llegaron los goles por el Campeonato Uruguayo, la Copa Libertadores y los clásicos. También aquella conquista frente a Palmeiras en Brasil, fundamental para que Nacional avanzara hacia las semifinales de la Libertadores de 2009, y sus dos goles contra Fluminense en la edición de 2011.

Según los registros de Nacional, el Morro convirtió 50 goles con la camiseta tricolor: 39 por el Campeonato Uruguayo, cinco por Copa Libertadores, tres por la Liguilla y tres en amistosos. Cuatro de ellos fueron ante el tradicional rival.

Su punto más alto llegó en la temporada 2010/2011. Nacional fue campeón uruguayo y Santiago García terminó como máximo goleador del torneo con 23 tantos. Era potencia, intuición y determinación dentro del área. Podía atravesar una racha sin convertir, pero cuando aparecía un partido grande siempre existía la sensación de que el Morro iba a estar.

Sin embargo, las estadísticas no alcanzan para explicar por qué el hincha lo quiso tanto.

El Morro representaba una manera de jugar y vivir los partidos. Peleaba cada pelota, chocaba con los zagueros y festejaba los goles con una intensidad que cruzaba la tribuna. No parecía un futbolista distante: era un pibe formado en Nacional que cumplía dentro de la cancha lo que muchos soñaban desde afuera.

Tampoco necesitó ser perfecto para ser querido. Su vínculo con la gente nació de la autenticidad. Cuando las cosas salían bien, lo mostraba con todo el cuerpo. Cuando tocaba luchar, también estaba dispuesto a hacerlo. El hincha reconocía en él a alguien que entendía cuánto pesaba y cuánto significaba aquella camiseta.

Un recuerdo que sigue presente

Su carrera continuó lejos de nuestra casa y el Morro también consiguió convertirse en una figura muy querida en Godoy Cruz. Pero para la gente de Nacional nunca dejó de ser uno de los nuestros.

Su recuerdo permanece en cada video de sus goles, en las camisetas con su nombre y en los homenajes que continúan apareciendo desde las tribunas. En 2022, Nacional incorporó su imagen a la Galería de los Ídolos del Gran Parque Central, acompañada por una inscripción que lo resume todo: 14 de septiembre de 1990 – ∞.

También existe un espacio con su nombre en la residencia de formativas, allí donde otros gurises comienzan a perseguir el mismo sueño que él alguna vez alcanzó.

Hoy el Morro cumpliría 36 años. Es una fecha para recordarlo desde la alegría que provocó, desde sus goles y desde aquel grito que parecía salir de la cancha para mezclarse con el de toda la tribuna.

Porque algunos jugadores dejan números y títulos. Otros dejan recuerdos. Santiago García dejó todo eso y, además, un cariño que permanece intacto.

Morro querido, tu grito sigue vivo en el corazón del pueblo tricolor.

Morro eterno.

Crédito de portada: La Abdón, sobre fotografía de archivo de El País