Hay tardes que terminan cuando el juez marca el final. Y hay otras que se quedan viviendo adentro de uno.
La del domingo 4 de septiembre de 2022 es una de esas.
La ficha dirá que Nacional le ganó 3-1 a Peñarol en el Gran Parque Central, por la sexta fecha del Torneo Clausura. Dirá que los goles fueron de Mathías Laborda, Luis Suárez y Camilo Cándido. Todo eso es verdad. Pero para quien estuvo en la tribuna, lo miró desde su casa o lo vivió junto a La Abdón, aquel clásico fue mucho más que un resultado.
Fue una tarde que esperamos durante 16 años.
El Parque ya lo estaba diciendo
Antes de que rodara la pelota, el Parque ya había hablado. La tribuna estaba vestida de Nacional y el aire tenía esa mezcla de ansiedad, orgullo y nervios que solamente aparece antes de un clásico.
Luis Suárez estaba ahí. No en una pantalla, no con la camiseta de un gigante europeo ni en un recuerdo de 2006. Ahí. En casa. Con la blanca puesta y a punto de volver a jugar el partido que todo hincha sueña ganar.
Había que vivirlo. Había que sufrirlo. Había que guardarlo.
El primer grito
El primer tiempo se iba y el cero parecía querer acompañarnos hasta el descanso. Pero una pelota preparada desde el córner terminó en el centro del Torito Rodríguez y encontró la cabeza de Mathías Laborda.
A los 46 minutos, la espera se rompió.
Escuchá el 1-0 de Laborda
Ese gol no mandó solamente a Nacional en ventaja al vestuario. Soltó todo lo que el Parque venía conteniendo desde horas antes. Fue el primer abrazo, el primer desahogo y la certeza de que la tarde podía ser nuestra.
El gol que todos habíamos imaginado
Y entonces pasó lo que miles de bolsos habían soñado desde que se confirmó su regreso.
A los 52 minutos, la pelota quedó a la entrada del área. Suárez le pegó de zurda, de primera, y la mandó lejos de Kevin Dawson. Durante un segundo pareció detenerse todo. Después explotó el Parque.
No fue solamente el 2-0. Fue el gol que cerró un círculo abierto 16 años antes. El pibe que se había ido de Nacional para conquistar el mundo había vuelto a casa y estaba marcando un gol clásico delante de su gente.
Volvé a escuchar el gol de Suárez
Al final de ese mismo relato, al Morro ya no le quedan palabras de fútbol. Le sale lo mismo que sentía toda la tribuna:
“Gracias Luis, gracias por volver, gracias Luis”.
No era una frase preparada. Era Nacional hablando desde el corazón.
El abrazo definitivo
Peñarol descontó por intermedio de Kevin Méndez a los 61 minutos y el clásico volvió a apretar el pecho. Porque un clásico nunca permite relajarse, ni siquiera cuando la tarde parece escrita.
Pero a los 74 apareció Camilo Cándido para hacer el tercero. El gol de la tranquilidad. El que transformó los nervios en fiesta y dejó al Parque cantando con la certeza de que aquella historia ya no se escapaba.
Escuchá el 3-1 de Cándido
Cuatro años después
Cuando llegó el final, después de casi cien minutos, el tablero marcaba Nacional 3, Peñarol 1. Pero había cosas que no entraban en el resultado.
No entraba la imagen de Suárez corriendo con los brazos abiertos. No entraba el ruido del Parque después de su zurdazo. No entraban los abrazos con desconocidos, las lágrimas, las llamadas, los mensajes ni esa sensación tan nuestra de saber que estábamos presenciando algo que íbamos a contar durante años.
Cuatro años después, el recuerdo sigue intacto. Porque hay partidos que se ganan y hay partidos que se quedan para siempre.
Aquel tuvo las dos cosas.
¿Dónde estabas cuando Suárez hizo ese gol?
Contanos con quién viste el clásico, en qué tribuna estabas o desde qué lugar lo gritaste. La memoria de aquella tarde también está hecha con tu historia.
CONTANOS TU RECUERDO →El cierre que lo dice todo
“Gracias Luis, gracias Luis por volver. Soñé toda mi vida relatar esto”.
