Este análisis de La Abdón compara las declaraciones de José Decurnex en Territorio Nacional y de Santiago Aldabalde en El Espectador Deportes. Fueron entrevistas realizadas por separado, en distintos momentos; el contrapunto entre ambas posturas es una elaboración nuestra para ayudar al hincha a comprender el debate.

Todos queremos ver el Gran Parque Central terminado y con mejores servicios. La discusión aparece al momento de decidir cómo hacerlo y qué puede comprometer Nacional para lograrlo.

Santiago Aldabalde defiende el Master Plan como un proyecto integral: mejorar el estadio y sumar espacios comerciales, estacionamientos y una arena para eventos que generen ingresos durante todo el año. José Decurnex propone concentrar los recursos del club en el Parque y dejar los otros negocios en manos de inversores privados.

Las diferencias van más allá del tamaño de las obras. También pasan por quién las paga, quién asume los problemas si los números no se cumplen y qué información debe tener el socio antes de votar.

¿Nacional pone plata?

Aldabalde sostiene que las obras se manejarían mediante un fideicomiso: una estructura separada, encargada de administrar el proyecto, cobrar sus ingresos y pagar sus obligaciones. Según explica, no se tocaría la caja con la que funciona Nacional ni se hipotecarían sus inmuebles. Además, esa estructura asumiría gastos del estadio que hoy paga el club.

Decurnex señala que Nacional igualmente estaría aportando recursos. Habla de 147 millones de dólares que se recibirían durante 30 años por conceptos como renovaciones de palcos y retornos del Club Social, y que quedarían destinados al proyecto.

Las dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo: Nacional podría no sacar dinero de su caja hoy, pero comprometer parte de lo que espera cobrar en el futuro.

Lo que falta aclarar es cuánto de ese dinero recibiría el club aunque no hiciera el Master Plan, cuánto depende de las nuevas obras y qué gastos dejaría de pagar a cambio. También qué ocurriría si los negocios recaudaran menos de lo previsto.

¿Cuánto cuesta realmente?

Decurnex cuestiona las cifras iniciales y menciona una estimación encargada a RDA que superaría los 150 millones de dólares. Entiende que faltan contemplar distintos trabajos y equipamientos.

Aldabalde maneja unos 112 millones y señala que, al sumar el costo de financiar las obras, la cifra podría llegar a 140 millones.

Antes de concluir que uno está acertado y el otro equivocado, hay que saber si ambos están contando lo mismo. Un presupuesto puede incluir gastos que otro presenta por separado.

Para el socio, la respuesta necesaria es sencilla: qué incluye el precio anunciado, qué queda afuera y qué se haría si termina costando más.

¿Qué hay que tener pronto antes de la asamblea?

Decurnex reclama que el proyecto ejecutivo —los planos y detalles técnicos necesarios para construir— esté terminado antes de votar. Su argumento es que el socio debe saber con suficiente precisión qué está aprobando.

Aldabalde responde que preparar ese trabajo costaría alrededor de 2,5 millones de dólares y que no corresponde gastarlos sin que los socios primero respalden el rumbo del proyecto. Propone avanzar después con presupuestos, controles y obras por etapas, sin comenzar ninguna que no tenga financiamiento asegurado.

Acá importa especialmente qué autorizaría la votación. Dar permiso para continuar los estudios es distinto de aprobar contratos o comprometer ingresos durante décadas.

La propuesta que llegue a la asamblea debería explicar hasta dónde permite avanzar y qué decisiones tendrían que volver a consideración de los socios.

¿Mejorar el estadio o hacer todo el complejo?

Aldabalde sostiene que el Parque necesita generar ingresos también cuando no juega Nacional. Por eso defiende que los comercios, eventos y estacionamientos formen parte del mismo proyecto y ayuden a pagar las mejoras.

Decurnex propone que los recursos propios se destinen al estadio y que las actividades complementarias se hagan con dinero y riesgo de privados.

No es una discusión entre querer o no nuevos negocios. Ambos caminos los contemplan, pero de distinta manera.

El Master Plan necesita demostrar que esos negocios pueden recaudar lo esperado. La alternativa de Decurnex necesita explicar qué obras se podrían pagar y si hay inversores dispuestos a desarrollar el resto en las condiciones que propone.

¿Puede aumentar la cuota social?

Este es uno de los puntos donde las versiones se separan con mayor claridad.

Decurnex advierte que los aportes voluntarios podrían no alcanzar y que eso terminaría presionando para aumentar la cuota. Aldabalde rechaza que esté previsto un aumento obligatorio y habla de una colaboración optativa de 40 o 50 pesos, de la que el socio podría darse de baja.

La advertencia de Decurnex no confirma que vaya a existir una suba. La explicación de Aldabalde tampoco cierra por sí sola la pregunta sobre qué pasaría si colaboraran menos socios de los esperados.

Hay que aclarar si ambos están hablando de la misma propuesta y cuánto depende el proyecto de esa colaboración.

La discusión también es política

Decurnex, desde la oposición, pone el foco en cuidar los ingresos futuros y reclama un respaldo del 75% para una decisión de este alcance. Eso buscaría un acuerdo más amplio, pero también haría más difícil aprobar el proyecto. Qué mayoría corresponde aplicar debe verificarse por separado.

Aldabalde plantea que es momento de resolver y presenta el horizonte de 2030 como una oportunidad para transformar el Parque. También pide que quienes rechazan el plan presenten otra solución viable.

Ser opositor no invalida las objeciones de Decurnex. Impulsar el proyecto tampoco vuelve suficientes todas las respuestas de Aldabalde. A los dos planteos corresponde exigirles claridad.

Para el hincha, lo fundamental es saber qué se va a hacer, cómo se va a pagar y qué pasa si las cosas salen peor de lo esperado. Con esas respuestas, el socio podrá decidir qué camino considera mejor para nuestra casa y para el futuro de Nacional.