Una vez puede ser casualidad. Dos veces consecutivas obligan, por lo menos, a detenerse y analizar qué está pasando.

Nacional volvió a quedarse con las manos casi vacías cuando parecía tener el partido controlado. Le ocurrió ante Juventud en el Gran Parque Central y volvió a suceder frente a Wanderers en el Parque Alfredo Víctor Viera.

En los dos encuentros estaba arriba en el marcador cuando entró en los minutos finales. En los dos recibió el empate sobre la hora.

El resultado es contundente: cuatro puntos que se fueron en apenas una semana.

Dos partidos, una misma sensación

Contra Juventud, Nacional parecía haber conseguido una victoria necesaria. Sin embargo, Agustín Alaniz apareció sobre el cierre para establecer el 2-2.

Siete días después la historia se repitió.

Maximiliano Silvera había puesto el 1-0 frente a Wanderers después de una buena acción iniciada por Rubén Botta y continuada por Tiziano Correa. Nacional atravesaba además uno de sus mejores momentos del encuentro y parecía encaminado a llevarse tres puntos fundamentales.

Pero otra vez llegó el golpe final.

Santiago Benítez encontró un remate espectacular en los descuentos y puso el 1-1 definitivo.

Dos escenarios diferentes, dos rivales diferentes y una consecuencia idéntica.

¿Mala suerte o algo para corregir?

Es fácil encontrar argumentos para hablar de mala suerte. El gol de Wanderers fue un remate extraordinario y difícilmente pueda explicarse solamente desde un error defensivo.

Pero cuando una situación se repite dos fechas consecutivas, Nacional también tiene que mirar hacia adentro.

Y el propio Daniel Carreño lo reconoció.

Después del partido, el entrenador señaló que el equipo podía haber defendido la ventaja jugando algunos metros más adelante, sosteniendo la pelota en campo rival y evitando terminar tan cerca de Luis Mejía.

Ese punto parece ser clave.

Nacional no necesariamente terminó los partidos sufriendo una catarata de situaciones de gol, pero sí fue perdiendo terreno y permitiendo que el rival jugara cada vez más cerca de su área.

Cuando el margen es mínimo, cualquier pelota puede convertirse en el golpe definitivo.

Carreño intentó cambiar la historia

El entrenador había tomado nota de lo ocurrido frente a Juventud.

Ante Wanderers apostó por un equipo con mayor intención ofensiva y colocó a Rubén Botta como titular. El argentino fue creciendo con el correr de los minutos y terminó siendo determinante en la jugada que derivó en el gol de Silvera.

También resultó positivo el ingreso de Tiziano Correa, que le dio mayor compañía al delantero y permitió que Nacional tuviera más presencia dentro del área rival.

Con la ventaja, Carreño modificó nuevamente la estructura y pasó a defender con tres zagueros, liberando a los jugadores de los costados.

La intención, según explicó después del partido, no era meter al equipo atrás. Todo lo contrario: pretendía tener la pelota, jugar lejos de su área y cerrar el encuentro desde la posesión.

El problema fue que Nacional no pudo ejecutar ese plan.

Con el correr de los minutos fue retrocediendo y terminó defendiendo demasiado cerca de Mejía.

Cuatro puntos que pueden pesar mucho

La preocupación no pasa solamente por la forma.

También está la tabla.

Nacional estaba en condiciones de sumar seis puntos entre Juventud y Wanderers. Terminó consiguiendo solamente dos.

En un Torneo Clausura donde el margen ya era reducido, dejar cuatro unidades por el camino de esta manera puede terminar teniendo un peso enorme.

Y también aparece otro factor: la cabeza.

Después de que una situación se repite, inevitablemente empieza a aparecer el recuerdo de lo ocurrido anteriormente. El jugador sabe que ya le pasó. La tribuna lo sabe. El cuerpo técnico también.

Cerrar el próximo partido que Nacional tenga en ventaja también será, por eso, una prueba mental.

La explicación está adentro

Carreño fue claro después del empate en el Prado.

“La explicación la vamos a buscar entre casa”.

Y probablemente allí esté el verdadero desafío.

No alcanza con atribuirlo únicamente a la mala suerte, pero tampoco parece razonable transformar dos remates sobre la hora en una crisis defensiva que Nacional no viene mostrando durante los 90 minutos.

El problema está específicamente en los cierres.

En controlar los últimos minutos. En sostener la pelota. En jugar más lejos del arco propio. En elegir cuándo acelerar y cuándo dormir el partido.

Nacional deberá encontrar esa respuesta rápidamente.

Porque los cuatro puntos que se escaparon ya no vuelven.

Y porque la próxima vez que llegue ganando a los minutos finales, además del rival, tendrá que jugar contra el recuerdo de lo que acaba de pasarle dos veces consecutivas.