La herida sigue abierta

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Pasan los partidos y la herida sigue abierta

 

Pasan los partidos y sigue todo igual. Pasan los partidos y seguimos acumulando derrotas que duelen en el alma. Pero lo que más quema la cabeza no es solo el resultado: es que pasan las fechas y no se ve absolutamente nada adentro de la cancha.

En la tribuna nos miramos los unos a los otros, incrédulos. No entendemos qué está pasando. Uno va a la cancha cada fin de semana con la ilusión renovada, convencido de que esto tiene que pasar, de que el rol del hincha es estar ahí, alentando y poniendo el pecho por la institución y por los colores. Nos repetimos que somos un club gigante, que a lo largo de la historia se superaron tormentas peores y que este es solo un mal trago pasajero del que vamos a salir todos juntos.

Sin embargo, cada noventa minutos esa esperanza se vuelve a hacer pedazos. Otra derrota, otro golpe seco que te deja helado. No se entiende el rendimiento de los jugadores, desconcierta la falta de rumbo táctico del técnico y desespera la inoperancia directriz que mira sin encontrar soluciones. El hincha se calienta, putea, descarga la bronca, pero en el fondo lo que predomina es la confusión: ¿qué le hicieron a Nacional?

El amor por el club no entiende de rachas ni de números, eso está claro. Pero la realidad marca que el clima que se respira hoy es espeso e insostenible. Surge la pregunta inevitable: ¿se tendría que haber ido el técnico? Sí, claro que sí. Pero al mismo tiempo aparece esa incertidumbre que nos carcome: ¿hasta cuándo podemos seguir echando técnicos? Parece un bucle sin fin, una calesita donde cambian los nombres pero el pozo se hace cada vez más profundo.

Llega el lunes y el tema sigue ahí. En el laburo, en el almuerzo familiar, en el asado con amigos; entre bolsos nos repetimos lo mismo porque no podemos creer lo que estamos viviendo. Sin caer en exageraciones históricas, de los años 2000 para acá es, sin dudas, el momento más crítico de la institución a nivel deportivo y dirigencial.

Esto no se arregla con parches ni con discursos vacíos. Tiene que haber un cambio profundo, un compromiso de todos para exigir ese cambio y refundar las bases desde la raíz. Porque en las malas queda demostrado, una vez más, que a Nacional lo hace grande su gente. Pero la gente merece dirigentes y jugadores a la altura de esa grandeza.

 

laabdon.com

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