Otra vez, no alcanzó

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Otra vez no alcanzó: una victoria con sabor a derrota que deja al desnudo el año de Nacional

El equipo de Jorge Bava ganó 2-1 ante Tigre en Argentina, pero pagó carísimo el pésimo partido de ida y quedó fuera de la Copa Sudamericana. Una primera parte ilusionante, un segundo tiempo para el olvido y cambios del DT que abrieron más dudas que respuestas. El análisis tras la noche en Victoria.

No hay sensación más amarga para el hincha de Nacional que la de quedarse con la miel en los labios. Volver a casa con un 2-1 a favor en el bolsillo, pero con la cabeza agachada por la eliminación en el global (4-2), deja esa bronca atravesada en el pecho. Porque si algo quedó claro tras la revancha en Argentina, es que esta caída duele el doble por cómo se dio: en 45 minutos el equipo demostró que se podía competir, pero en el resto de la serie regalamos absolutamente todo.

Un primer tiempo para ilusionarse

Desconectados de la desazón que había dejado la ida en el Gran Parque Central, Nacional salió a jugar la primera mitad con la agresividad, la presión alta y las ganas que el hincha venía pidiendo a gritos durante todo el año.

La ilusión se encendió tempranito gracias a un golazo de Maxi Gómez, que la clavó donde quiso para ratificar su jerarquía. La noche se puso aún más linda cerca de la media hora de juego, cuando Maximiliano Silvera mandó a guardar el 2-0 (validado tras el chequeo del VAR). La hazaña que parecía imposible antes del pitazo inicial estaba a solo un gol de distancia. En ese trámite, tanto Lucas Rodríguez como Agustín Dos Santos venían firmando una primera parte destacable, haciéndose dueños de la mitad de la cancha y marcando el ritmo del partido.

El complemento: de la ilusión al golpe de realidad

Lo que pasó tras el descanso fue literalmente el día y la noche. Como si en el vestuario hubiesen apretado un botón para volver a la versión más pálida de este 2026: un equipo desgastado en lo físico, que perdió todas las pelotas divididas y se quedó sin ideas en los últimos metros.

Ahí es donde vuelve a quedar bajo la lupa la lectura de Jorge Bava. Entendiendo que Dos Santos tenía tarjeta amarilla, el DT decidió mover la ficha e ingresar a Nicolás Lodeiro. Lejos de aportarle tenencia o marca, Lodeiro nunca pudo meterse en el partido ni sostener la presión alta. De hecho, una pérdida suya en tres cuartos de cancha terminó derivando en el descuento de Tigre, la jugada que sepultó cualquier chance de épica. Más adelante, la variante de Verón Lupi por Rodrigo Martínez tampoco ofreció el desborde ni el mano a mano que se necesitaba para romper líneas.

En todo el segundo tiempo, Nacional no pateó un solo tiro al arco. Pasar de ser dominador a disiparse por completo terminó dejando un sabor agridulce y mucha calentura: la certeza de que, si no se regalaba la ida con tanta displicencia en casa, la historia hoy sería otra.

Luces rojas en puestos clave y el reclamo del hincha

El partido en Victoria terminó de exponer carencias que se venían perfilando en el armado del plantel:

Bajo los tres palos: La actuación de Alexis Martínez Arias sigue sin convencer. Hasta ahora no ha tenido esa atajada salvadora en los momentos críticos y casi cada llegada profunda termina en gol rival. La sombra de Mejía se siente cada vez más fuerte.

Problemas en las bandas: En el sector defensivo, Camilo Cándido estuvo lejos de dar garantías y sufrió bastante por su lateral. Si bien Ancheta tuvo chispazos aceptables en el primer tiempo, el equipo padece horrores en los retrocesos por los costados.

Lectura directiva: Queda al descubierto un desfasaje entre lo que pide la cancha y lo que busca la dirigencia. El recambio de mitad de año dejó huecos enormes en posiciones neurálgicas (como los laterales) que no se terminaron de cubrir con las incorporaciones que llegaron.

Obligación absoluta en el Clausura

Quedar eliminados habiendo ganado el partido de vuelta no se festeja. Es una victoria con sabor a derrota que no tapa el año errático que viene teniendo el equipo. Sin copas internacionales por delante, las cartas están sobre la mesa y el margen de error pasó a ser cero.

Para el cuerpo técnico de Jorge Bava y para todo el plantel, el Torneo Clausura deja de ser un objetivo más para convertirse en una obligación impostergable: hay que ir por el bicampeonato y sellar la clasificación directa a la próxima Copa Libertadores. El hincha ya no tiene margen para más tropiezos.

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