A veces el fútbol te da esas alegrías que no se gritan en la tribuna pero que se festejan un montón en la tesorería. Santiago Rodríguez, uno de los pibes que tantas alegrías nos dio de chiquilín con la blanca en el pecho, vuelve a armar las valijas. Esta vez deja el fútbol brasileño tras su paso por Botafogo y regresa a una liga donde ya demostró que le sobra paño: la MLS. El destino es Columbus Crew, que no dudó y puso sobre la mesa nada menos que 7 millones de dólares para llevarse su magia por los próximos cuatro años.
Y acá es donde entramos nosotros. Porque cada vez que un pibe criado en casa da un salto de estos, el laburo silencioso de años en Los Céspedes vuelve a rendir frutos.
La plata que le entra al club: cuentas claras
Al ser una transferencia entre ligas de distintos países (de Brasil a Estados Unidos), entra en juego el famoso Mecanismo de Solidaridad de FIFA. Básicamente, es la regla que premia a los clubes que formaron al jugador entre los 12 y los 23 años.
De esos 7 palos verdes, el 5% total (unos 350.000 dólares) se reparte entre los equipos que lo moldearon. Santi llegó al club siendo un gurí y se quedó viviendo y respirando fútbol con nosotros hasta finales de 2020, cuando ya con 20 años y habiendo dejado huella en Primera dio su primer salto al exterior.
Sacando la cuenta año por año que exige FIFA:
Por sus años de formación entre los 12 y los 15, suma un 1%.
Por sus temporadas de los 16 a los 20 años, mete otro 2,75% aproximado.
En limpio: a Nacional le toca cerca de un 3,75% del pase total. ¿Cuánto significa eso en la mano? Unos 260.000 dólares limpios que van derecho a las arcas tricolores.
Plata en mano sin vueltas
Antes, cobrar esto era un dolor de cabeza eterno con papeles, llamadas y meses de espera entre clubes. Hoy las cosas cambiaron: la FIFA tiene un sistema automático (la famosa Cámara de Compensación) que, ni bien se firman los papeles del pase y se valida el historial del jugador, transfiere los fondos de una a la cuenta de la institución.
Santi ya demostró de sobra lo que vale en el fútbol norteamericano (la rompió toda en New York City con 34 goles y casi 30 asistencias en más de 140 partidos). Ahora le toca romperla en Ohio, y desde acá le deseamos lo mejor. Porque cuando a un pibe formado en casa le va bien, a Nacional también le va bien.
