En el fútbol de hoy, los partidos no arrancan cuando el juez pita en la cancha ni se ganan únicamente en los 90 minutos del fin de semana. Gran parte del éxito o del dolor de cabeza se cocina meses antes, en los escritorios, en la planificación de Los Céspedes y en la visión de quién marca la política deportiva.

Tras cerrarse el ciclo de Sebastián Eguren y la salida de Martín Ligüera, en Nacional se abrió una vacante que no admite piloto automático. La comisión directiva encabezada por Ricardo Vairo y Flavio Perchman entró en la recta final de un filtro minucioso, pasando de una lista inicial de varios nombres a una terna final para elegir al nuevo gerente deportivo.

Más que un nombre, un método de laburo

El debate de fondo que se da entre los socios y en cada rincón tricolor no es solamente a quién se contrata, sino qué se pretende del cargo. En los últimos años quedó demostrado que apagar incendios a mitad de campeonato o traer por traer sale carísimo, tanto en lo deportivo como en las arcas del club.

Nacional precisa una gerencia deportiva moderna, que tenga claro qué perfil de jugadores tienen que llegar a primera, cómo potenciar de verdad a los pibes que vienen empujando en formativas y, sobre todo, cómo blindar el trabajo diario para que no se desarme todo ante el primer mal resultado.

Dentro del abanico que se manejó sobre la mesa, con sondeos que fueron desde figuras de trayectoria comprobada hasta perfiles de pura gestión externa, el nombre de Pablo Álvarez picó en punta con fuerte consenso. Con su experiencia reciente en la estructura de Boston River, Álvarez asoma como una alternativa que combina juventud, preparación metodológica y un conocimiento fresco de las dinámicas del fútbol actual.

Trabajar en conjunto y sin perder tiempo

Quien asuma la responsabilidad tendrá desafíos inmediatos:

Alineación con el proyecto general: Coordinar el trabajo del día a día con la secretaría técnica y la directiva para que las decisiones tengan un criterio futbolístico claro y no dependan del apuro.

Formativa como motor real: No alcanza con que los juveniles debuten; hay que generar las condiciones para que se consoliden, rindan en la primera y recién ahí den el salto al exterior.

Mercado con puntería: Terminar con las incorporaciones de relleno. Cada jugador que se ponga la camiseta blanca tiene que llegar sabiendo la exigencia y el peso que implica defender estos colores.

El margen de especulación se achica y la resolución está al caer. Para Nacional es una decisión estratégica: de este timonazo dependerá la solidez del proyecto en Los Céspedes para los próximos años.