Nacional hizo lo que tenía que hacer. Ganó, fue mejor que Progreso durante buena parte del encuentro y controló el trámite casi siempre. Pero también hay que marcar la diferencia entre ser superior y pasar por arriba al rival: lo primero ocurrió; lo segundo, no.

El 1-0 fue justo. Nacional manejó mejor la pelota, jugó con mayor criterio y prácticamente no sufrió defensivamente. Sin embargo, ese dominio pocas veces se transformó en ocasiones claras de gol.

Ahí estuvo la principal deuda del equipo.

Nacional llegaba con buenas intenciones, encontraba espacios y conseguía avanzar, pero demasiadas jugadas terminaban de manera imprecisa. Un centro mal ejecutado, un pase que no encontraba destino, una pelota rechazada por la defensa de Progreso o una decisión equivocada en los últimos metros.

Faltó la última pelota.

Firme atrás y tranquilo durante casi toda la tarde

Una de las buenas señales volvió a aparecer en defensa.

Luciano Rodríguez realizó un partido firme junto a Tomás Viera y Nacional prácticamente no concedió situaciones. Los dos respondieron bien y le dieron seguridad a un equipo que pudo jugar durante muchos minutos lejos de su propio arco.

Por los costados, Nicolás “Ojito” Rodríguez y Benjamín Núñez aportaron profundidad y fueron una alternativa permanente para avanzar.

La tranquilidad defensiva quedó reflejada también en el partido de Alexis Martín Arias. El arquero tuvo una intervención importante en el primer tiempo, respondiendo muy bien ante un cabezazo dentro del área, pero después fue prácticamente un espectador. Durante buena parte del encuentro participó mucho más con la pelota en los pies que realizando atajadas.

Zuculini y Luciano González controlaron el medio

En la mitad de la cancha, Bruno Zuculini y Luciano González realizaron un buen partido.

Zuculini fue importante para ordenar al equipo y darle equilibrio. Nacional tuvo el control territorial y de la pelota durante largos pasajes, y buena parte de eso pasó por lo que consiguió hacer en esa zona.

Luciano González también acompañó de buena manera, dando dinámica y ayudando a que Nacional pudiera instalarse en campo contrario.

El problema aparecía algunos metros más adelante.

Agustín Dos Santos no tuvo su mejor tarde y al equipo le costó encontrar claridad en los últimos metros. Alejandro Martínez y Tomás Verón Lupi aportaron movilidad, intentaron romper por los costados y generaron buenas intenciones, aunque nuevamente faltó terminar mejor las jugadas.

Nacional insinuaba más de lo que concretaba.

Correa apareció y Nacional encontró el gol

Tiziano Correa volvió a mostrarse movedizo y terminó encontrando el gol que definió el partido.

El delantero fue una referencia permanente para la defensa de Progreso y aprovechó su oportunidad para poner el 1-0 que finalmente sería definitivo.

A partir de la ventaja, el partido tampoco cambió demasiado.

Los cambios realizados por Carreño no modificaron sustancialmente la tónica. Nacional siguió controlando, Progreso continuó teniendo dificultades para acercarse con peligro y el Tricolor administró una diferencia mínima que, por lo que había ocurrido durante el encuentro, resultaba merecida.

Victoria prolija, pero con cosas por mejorar

El resultado deja una lectura bastante clara.

Nacional ganó bien. Fue superior. Controló el partido y casi no sufrió. Pero no fue una actuación brillante ni una demostración ofensiva.

No generó cinco, seis o siete situaciones claras ni sometió permanentemente a Progreso contra su arco. El equipo mostró una idea, manejó mejor la pelota y jugó con criterio, pero todavía necesita mejorar mucho cuando llega el momento de transformar ese dominio en peligro real.

Los centros, el último pase y la resolución de las jugadas siguen siendo aspectos para trabajar.

Esta vez alcanzó.

Fue un 1-0 prolijo, merecido y sin sobresaltos, con buenos rendimientos colectivos más que con una gran figura individual.

Nacional cumplió, ganó y sigue adelante.

Sin lucirse. Pero ganando bien.