No fue el comienzo que queríamos. Nacional cayó 83-81 frente a Aguada en el Polideportivo del Gran Parque Central, en un encuentro que tuvo absolutamente de todo y que dejó dos sensaciones muy distintas: la bronca de perder un partido que estuvo al alcance de la mano y el orgullo por la entrega de un equipo que, incluso en las condiciones más adversas, demostró que va a ser un rival durísimo para cualquiera.

Porque Nacional perdió, y perdió bien. Aguada resolvió mejor las últimas posesiones y tuvo en Jamil Wilson al hombre capaz de marcar la diferencia cuando la pelota más quemaba. Pero para entender lo que ocurrió hay que mirar mucho más allá de esos dos puntos que separaron a los equipos.

Una expulsión que cambió el partido

El primer gran golpe llegó cuando apenas se disputaba el cuarto inicial. Luismal Ferreiras, una de las grandes figuras del Bolso en la reciente participación por la Liga Sudamericana, fue expulsado tras una acción sobre Agustín Zuvich.

La salida del dominicano cambió por completo el panorama para el equipo de Álvaro Ponce.

Nacional perdió demasiado temprano a una pieza fundamental de su estructura: un jugador determinante en la pintura, importante para el rebote y capaz de imponer su potencia física tanto en ataque como en defensa.

Fue una expulsión que condicionó el desarrollo del encuentro y obligó a sus compañeros a multiplicar esfuerzos durante prácticamente toda la noche.

Y ahí apareció una de las grandes virtudes de este Nacional: la capacidad de competir aun cuando el partido parece ponerse cuesta arriba.

Lejos de entregarse, el Tricolor encontró respuestas desde lo colectivo, elevó su intensidad y consiguió mantenerse en partido frente a un rival que también cuenta con un plantel importante.

El Pato Prieto, el capitán que dio la cara

Si hubo un jugador que representó el espíritu de Nacional durante la noche, fue Patricio Prieto.

El Pato volvió a demostrar por qué es el capitán de este equipo. Asumió responsabilidades, puso el cuerpo, aportó puntos importantes y fue uno de los grandes protagonistas de la reacción tricolor.

Pero su actuación no puede medirse únicamente en lo que produjo ofensivamente. Prieto fue entrega, carácter y compromiso. De esos jugadores que aparecen cuando el equipo necesita una respuesta y que entienden perfectamente lo que significa defender esta camiseta.

También fue muy importante el trabajo de Nick King, que tuvo una buena noche y sostuvo buena parte del peso ofensivo de Nacional.

El estadounidense, sin embargo, sufrió una molestia física durante el tercer cuarto que lo obligó a abandonar momentáneamente el encuentro. Si bien consiguió regresar, se lo notó incómodo y lejos de sus mejores condiciones.

Fue otro contratiempo importante para un equipo que ya venía haciendo un desgaste físico enorme por la expulsión de Ferreiras.

Y aun así, Nacional siguió peleando.

Un equipo que puso el cuerpo

Hubo actuaciones que merecen ser reconocidas más allá de los puntos convertidos.

Gianfranco Espíndola volvió a demostrar un compromiso enorme. Jugar con una máscara de protección no resulta sencillo y se lo nota incómodo por momentos, pero eso no le impidió involucrarse, disputar cada pelota y asumir el trabajo físico que exigía el partido.

También fue muy valioso el aporte de Thomas Araujo. El joven sub-23 respondió cuando le tocó ingresar y dejó buenos minutos, mostrando personalidad para competir en un encuentro de semejante exigencia.

En un partido donde las dificultades obligaron a modificar los planes, esas respuestas tuvieron todavía más valor.

Distinto fue el rendimiento de Yohanner Sifontes. El venezolano comenzó muy enchufado, participativo y con buenas decisiones, pero fue perdiendo protagonismo con el transcurso del encuentro.

En el cierre, cuando Nacional necesitaba mayor claridad ofensiva, su aporte terminó siendo menor al esperado. De un jugador de su calidad y experiencia se necesita más, especialmente en los momentos decisivos.

No se trata de responsabilizarlo por la derrota, sino de reconocer que este equipo tiene individualidades que todavía pueden ofrecer bastante más.

Aguada tuvo a Wilson y fue más claro cuando había que ganar

Nacional hizo un esfuerzo extraordinario para emparejar el encuentro y llegar con posibilidades reales de llevarse la victoria.

Sin embargo, los partidos cerrados también se ganan desde la lucidez, la toma de decisiones y la capacidad de resolver bajo presión.

Y ahí Aguada fue superior.

Jamil Wilson tuvo un cierre formidable. El estadounidense apareció cuando su equipo más lo necesitaba, asumió la responsabilidad ofensiva y terminó siendo el factor determinante para que el conjunto aguatero se llevara el triunfo del Gran Parque Central.

Terminó con 17 puntos, 5 rebotes y 2 asistencias, pero su influencia fue mucho mayor que lo que reflejan esos números.

Nacional tuvo oportunidades, peleó hasta el final y jamás dejó de creer. Sin embargo, le faltó esa precisión que suele separar una gran reacción de una victoria.

El rival encontró mejores soluciones en las pelotas decisivas. Y eso también hay que reconocerlo.

Una derrota que deja algo más que bronca

A nadie le gusta perder. Mucho menos contra Aguada. Y en Nacional no existen las derrotas que deban celebrarse.

Pero tampoco sería justo analizar este debut únicamente desde el resultado.

El equipo de Álvaro Ponce mostró algo que puede transformarse en una de sus principales fortalezas a lo largo de la temporada: una intensidad física y una dinámica de juego que no resulta habitual encontrar en el básquetbol uruguayo.

Nacional presiona, corre, exige permanentemente al rival y procura sostener un ritmo altísimo. Es un equipo que incomoda, que obliga a jugar al límite y que tiene recursos para lastimar desde diferentes sectores de la cancha.

Naturalmente, esa propuesta también necesita equilibrio. Jugar con semejante intensidad exige piernas, concentración y buenas decisiones, especialmente cuando llega el momento de cerrar los partidos.

La expulsión de Ferreiras y las dificultades físicas de King hicieron que ese desafío fuera todavía mayor.

Y, pese a todo, el Bolso estuvo a una posesión de cambiar la historia.

Eso no devuelve los puntos perdidos ni convierte una derrota en victoria. Pero sí permite reconocer que hay una base competitiva muy interesante.

A este Nacional le va a costar ganarle a cualquiera, pero también va a ser muy difícil ganarle a Nacional.

La entrega está. El compromiso también. Ahora habrá que transformar esas virtudes en resultados.

El jueves, una nueva oportunidad ante Atenas

El calendario no da demasiado tiempo para lamentaciones.

Nacional volverá a presentarse este jueves 22 de octubre, desde las 19:15, cuando visite a Atenas por la segunda fecha de la Liga Uruguaya de Básquetbol.

Será una nueva oportunidad para buscar el primer triunfo, corregir los aspectos que fallaron en el estreno y seguir consolidando una propuesta que, más allá del resultado frente a Aguada, dejó argumentos para mirar hacia adelante con confianza.

El Bolso perdió. Nos duele, porque siempre queremos ganar.

Pero también dejó la vida, compitió hasta la última pelota y demostró que tiene mucho para dar.

La Liga recién empieza. Y este Nacional tiene con qué ser protagonista.