¡Había que ganar y se ganó! Pero cuánto sufrimiento, por favor. Cuánto sufrimiento innecesario para un partido que Nacional pudo y debió haber liquidado mucho antes.
El equipo de Daniel Carreño volvió a sumar de a tres, esta vez frente a un Central Español que merece su reconocimiento porque jugó un buen partido, compitió y nunca se entregó. Nacional tuvo las oportunidades para sacar una ventaja más cómoda, no las aprovechó y terminó defendiendo el resultado prácticamente dentro de su propia área.
Pero ganó. Y a esta altura del campeonato, cuando cada fin de semana se juega una verdadera final, eso vale muchísimo.
Hace cinco fechas estábamos en CTI
Hay que mirar de dónde venimos para entender lo que significa esta victoria.
Hace apenas cinco fechas, Nacional parecía estar fuera de la conversación por el Clausura. Algunos ya lo daban por muerto. Nosotros preferimos decir que estaba en CTI, porque Nacional nunca está muerto mientras tenga una posibilidad de pelear.
Y vaya si salió de esa situación.
Hoy el Bolso suma 20 puntos, está a solamente dos del líder Montevideo City Torque, igualó la línea de Peñarol y vuelve a mirar las posiciones con una ilusión que parecía lejana.
También continúa recuperando terreno en la Tabla Anual, donde alcanzó los 55 puntos y se ubica cuarto, nuevamente en la pelea por mejorar su clasificación a las copas internacionales.
No es poca cosa. Es una recuperación que merece ser reconocida, aunque todavía quede muchísimo camino por recorrer.
Un golazo de Correa y demasiadas oportunidades desperdiciadas
Tiziano Correa volvió a demostrar su importancia con un verdadero golazo. A los 21 minutos del primer tiempo, recibió la pelota, se acomodó y sacó un zurdazo espectacular para establecer el único tanto del encuentro.
Un gol de enorme valor, de esos que pueden terminar pesando muchísimo cuando se haga el balance del campeonato.
Nacional tuvo situaciones para ampliar. Maxi Gómez trabajó, luchó y generó peligro, aunque le faltó precisión en la definición. Luciano González tuvo una de las más claras del complemento con un remate que terminó estrellándose contra el palo.
El problema fue que el segundo gol nunca llegó.
Y cuando no liquidás estos partidos, terminás sufriendo. Central Español creció, encontró espacios y obligó a Nacional a defender una ventaja que se volvió cada vez más frágil.
Los cambios no ayudaron y Botta quedó en deuda
No se puede analizar este encuentro sin hablar de las variantes.
Los ingresos no produjeron el efecto que seguramente pretendía Daniel Carreño. Por el contrario, Nacional perdió claridad, capacidad para sostener la pelota y, durante varios pasajes, también perdió el control del partido.
Lo de Rubén Botta fue particularmente preocupante.
Estamos hablando de un futbolista de enorme calidad, que nos gusta y del que esperamos muchísimo más. Pero su ingreso fue realmente malo. No logró darle fútbol al equipo, estuvo impreciso y su participación coincidió con los momentos de mayor desorden tricolor.
Hay que decirlo como corresponde: hoy Botta quedó muy lejos de lo que necesita Nacional.
Tomás Verón Lupi tuvo alguna oportunidad para generar peligro, pero tampoco consiguió resolver bien sus intervenciones y perdió una pelota comprometida.
Maximiliano Silvera, por su parte, mostró disposición, corrió y trató de colaborar, aunque tampoco alcanzó para cambiar el desarrollo del encuentro.
Son aspectos que Carreño deberá revisar, porque en las cinco finales que quedan no siempre alcanzará con defender una diferencia mínima.
Coates, Cándido, Lucas Rodríguez y un Martín Arias que respondió
Si Nacional terminó festejando, mucho tuvo que ver la entrega de varios futbolistas.
Lo de Sebastián Coates fue extraordinario. El capitán sacó absolutamente todo. Por arriba, por abajo, en los cruces, en los momentos de mayor presión. Una actuación de enorme jerarquía, de esas que explican por qué es el capitán de Nacional.
Camilo Cándido también merece un reconocimiento especial.
Así como lo hemos criticado cuando su rendimiento estuvo muy por debajo de lo esperado, hoy corresponde destacar su recuperación. Se mostró participativo, firme, con confianza y con un despliegue que nos hizo recordar a aquel Cándido de 2021. El esquema parece favorecer sus características y su crecimiento es una excelente noticia para Nacional.
Lucas Rodríguez volvió a ser fundamental. Corrió, recuperó, ayudó a sostener el mediocampo y apareció donde el equipo más lo necesitaba. Un futbolista que muchas veces realiza un trabajo silencioso, pero absolutamente imprescindible.
Y merece un párrafo aparte Alexis Martín Arias.
El arquero llegaba rodeado de interrogantes. Había dudas entre los hinchas sobre cómo respondería en un momento de tanta responsabilidad. Hoy estuvo a la altura de la camiseta que lleva puesta.
Respondió cuando fue exigido, transmitió seguridad y, especialmente en los minutos finales, salió con decisión a cortar pelotas complicadas. Su intervención sobre el cierre, rechazando un tiro libre peligroso, fue fundamental para conservar el cero.
Hoy Martín Arias demostró que puede responder cuando Nacional lo necesita.
Una hinchada que también ganó el partido
Y qué decir de la gente.
Mientras el equipo sufría, desde las tribunas llegaba un aliento permanente. No había resignación. No había silencio. Había miles de bolsilludos empujando, entendiendo que este equipo necesitaba un esfuerzo más.
Cuando Central Español comenzó a arrinconar a Nacional, la hinchada se convirtió en ese jugador número doce que tantas veces termina siendo decisivo.
Y cuando Leodán González marcó el final, llegó el desahogo.
Nadie quería irse. El equipo se retiró aplaudido, Sebastián Coates recibió el reconocimiento que merecía y desde las tribunas volvió a escucharse un grito cargado de esperanza:
¡Este es el año del Bolso!
Todavía falta. Muchísimo. Pero qué lindo volver a tener motivos para ilusionarse.
Un arbitraje que también dejó bronca
Tampoco podemos dejar pasar lo ocurrido con el arbitraje de Leodán González.
Su actuación volvió a dejar decisiones que generaron enorme malestar. La dura entrada sobre Coates apenas comenzado el partido, sancionada solamente con amarilla, fue una de las acciones más discutibles de la tarde.
Nacional tuvo que jugar, defender, sufrir y superar también esa sensación de frustración que provocaron varias decisiones arbitrales.
Eso no puede tapar los errores propios, pero tampoco significa que debamos callarnos cuando entendemos que un arbitraje no estuvo a la altura.
Cinco finales y un sueño que volvió a encenderse
El próximo compromiso por el Clausura será ante Deportivo Maldonado. Otra final. Como todas las que quedan de aquí al cierre del campeonato.
Nacional necesita seguir ganando y esperar que los equipos que están por encima dejen puntos por el camino.
Pero lo verdaderamente importante es que volvió a depender de su propio esfuerzo para mantenerse en la pelea.
Hace algunas semanas mirábamos la tabla con preocupación. Hoy la miramos haciendo cuentas, pensando en los partidos que faltan, mirando de reojo a los rivales y soñando con una definición que parecía imposible.
Nacional no jugó su mejor partido. No tuvo la contundencia necesaria. Sufrió mucho más de lo que debía y dejó aspectos importantes para corregir.
Pero también mostró algo que en esta etapa puede valer tanto como el buen fútbol: carácter para defender una victoria.
Porque hay partidos que se ganan jugando bien. Otros se ganan metiendo, resistiendo y dejando el alma. Y los campeonatos, muchas veces, se construyen ganando también estos últimos.
Nacional salió de la CTI. Nacional volvió a ponerse de pie.
Y ahora está ahí, a dos puntos de la punta, con cinco finales por delante y con todo un pueblo detrás.
¡Que nadie dé por muerto al Bolso!

CAMPEONATO URUGUAYO
CAMPEONATO URUGUAYO