“No se cómo voy, no se como vengo”

Un amigo de la cancha me dijo una vez “tenés que escribir un libro con las historias y anécdotas de los viajes de fútbol” . Ese libro obviamente nunca se escribió pero me dignaré a contar alguna de esas historias en esta columna que hemos decidido llamar “No se cómo voy, no sé como vengo”

En esta primera entrega : “Ladrón de mi cerebro”

Dentro de esos viajes inolvidables está el del 2017 a Lanús con destino Olavarría. Desde hacía unos años (creo que fue Vélez 2007 o 2008, no recuerdo bien) que venía siguiendo al Bolso en varios viajes a Buenos Aires. Después de haber recorrido muchas canchas en Monteviedo y el interior del país, había llegado el momento de extender las fronteras. Fue River 2009, Banfield 2010, La Paternal 2011, a la Bombonera por primera vez en 2013, y otra vez en 2016 cuando quedamos afuera por penales luego de una serie y una copa inolvidable.

El calendario hizo que ese partido revancha por fase de grupos con Lanús cayera un jueves de una semana donde el Indio Solari y los fundamentalistas volvían a tocar ese mismo sábado en Olavarría.

Mi situación económica era muy mala por ese entonces y la patriada iba a a estar muy difícil, casi imposible, hasta descartada te diría. “Casualmente” ese mismo amigo que me incitó a esa locura de escribir el libro (a esa locura no me animé)  dijo: “no te lo podés perder, las entradas para la copa son baratas, yo te la pago, conseguíte para los pasajes y dale”. Por suerte no nos habían matado con los precios como solía suceder cada vez que vamos a BsAs, entonces ya un gran paso estaba dado, había que ir por lo demás. Conseguí quien me financiara los pasajes y en un par de cómodas cuotas me aseguré la escala  Buenos Aires- Mvd ida y vuelta.

En el 2013 había ido a ver al indio a Mendoza y ahí ya saqué el pique de que se podía ir sin entradas, que había que encarar un par de movimientos puntuales y estabas adentro. Es imposible controlar a cientos de miles de almas que pasan al mismo tiempo por el mismo lugar, así que la entrada al show estaría casi asegurada también.

Entonces ese mismo jueves 9 de marzo en la mañana, día del partido ya estaba en Bs As para luego de dar las clásicas vueltas por esa gran y hermosa ciudad , meter previa, subte y a la cancha. Me iba directo hacia el estadio y por eso no pude llevar más que ropa en la mochila, no mucho más de lo que me iban a permitir en el control de la cancha para entrar. Entiéndase: no desodorante, no comida, entre otras cosas necesarias para 5 días de viaje.

Arreglé con mi amigo Antonio para quedarme en su casa en capital luego del partido y el viernes, poder encarar la escala que faltaba: BsAs – Olavarría.

Mi efectivo en el bolsillo daba para poder costear esos pasajes,  no mucho más, tratar de que todo cuadre y el domingo a la tardecita estar en BS AS para tomar mi barco de regreso a Montevideo. !La travesía perfecta!

Todo iba viento en popa hasta que llegué a Retiro para comprar esos pasajes. La situación con la que me encontré era media esperada pero que yo había preferido negar. Los pasajes a Olavarría estaban agotados desde hacía meses, el tren que salía solo los viernes estaba agotado desde antes de que los ingleses inventaran las vías.

Luego de quemar algunos de mis recursos económicos en unas horas de cyber para conocer detalles de las rutas y etcéteras, tuve que optar por comprar un pasaje hasta Azul, una ciudad universitaria que quedaba  a unos 60  kilómetros de donde se llevaría adelante el show.  Eran unos 50 minutos en bus o en auto, pero el éxodo que había por esos días en las rutas hacia que todo fuese mas complejo. La cosa fue que para manejar un buen margen, viajé de noche de Bs As a Azul  , unas 4 o 5 horas supongo, al amanecer estábamos llegando a Azul junto con otros Bolsos que también habían optado por hacer esa misma escala y en poco tiempo !resolvimos la ida a Olavarría y todo!

Impensadamente, al amanecer, llegaba el  ultimo día de la misa y la primer mitad del plan estaba pronta, con muchas mas horas de antelación al show, mucho antes  de lo planificado, en el lugar y con los mismos recursos económicos con los que salí, que hora empezarían a jugar otro partido, porque quedaba todo un día por delante y no sólo debía guardarme para volver a BsAs sino que el hambre y la sed se iban a poner en el camino de las prioridades.  Quedaba un hermoso día por delante y un tema muy importante por resolver, la vuelta. Quería resolverla antes de terminar de ponerme en sintonía con tamaña locura. Sabía que unos amigos habían ido en una excursión que yo no pude pagarme e iba por ellos para suplicar un lugarcito en el bus para volver aunque sea como un ciego en la bodega.

 

UN FLASHBACK EN LA TERMINAL

Eran cerca de las 12 de la noche y yo estaba esperando mi bus en la famosa terminal de Retiro para irme rumbo a Azul cuando se me acerca un pibe a pedirme fuego. Estaba nervioso, su bondi destino a Olavarría (de esa misma terminal salían los privilegiados que tenían su pasaje a Olavarria directo) estaba a punto de salir y su amigo no daba señales. “Tengo las dos entradas y los pasajes y este tipo no aparece” . Se podrán imaginar la cantidad de cosas que se me pasaron por la cabeza en ese instante, se las dejo para que ustedes las imaginen. Elijan su propia aventura, yo opté por ir a la segura y esperar mi turno de embarcar hacia Azul.

 

SABADO 11 DE MARZO DE 2017, OLAVARRIA Y LA MISA CAÓTICA

Tengo que encontrar ese bondi, me aseguro la vuelta y esto redondea una viaje alucinante.

La primer imagen que entra  a mi mente es la de un tipo arriba de un techo, apuntando su celular lo mas alto posible intentando agarrar señal . Fue el primer indicio real de la saturación que iba a reinar esa tarde. No le di mucha importancia hasta varias horas después que me cayó una de las tantas fichas.  Pasaban las horas y yo caminaba sin parar, era un río interminable de almas , no vi ni una cara conocida, caminé kilómetros , en zig zag, entré y salí  por cuanta calle vi y nada. Pasaban las horas, se me iba la batería del celular, las llamadas a mis amigos eran todas rebotadas por la barrera de la saturación y mis minutos empezaron a jugarme en contra. Hice esto una y otra vez, cuanto más lugares recorría mas chances tenía de encontrarlos , pero nada. Volví a la terminal, averigüé cuanto valía y a que ahora había pasajes para volver antes del show a Bs As  por si no podía asegurarme el retorno, sabía que quedarme en Olavarría al final del toque a la deriva y casi sin plata iba a a ser la peor opción.

Volví a hacer la misma caminata, volví a recorrer cuanta calle había , a buscar bondi por bondi , cara por cara, parecía que había llegado a otro planeta, increíblemente no podía encontrar  absolutamente a ningún conocido para asegurarme la vuelta, la suerte no me estaba ayudando, parecía que no iba a ser mi día, y encima, llegó la primer lluvia torrencial de la tarde. Yo, mi campera del bolso, muchas horas sin comer , millones de almas en una fiesta increíble, mi necesidad imperiosa de asegurarme la vuelta antes de poder estar en ese mismo canal de euforia en el que estaban todos y todas y una situación que me hizo resurgir la misma duda ¿ Me la juego o me compro el pasaje de vuelta y me voy calentito para casa? …..

 

Continuará …

 

Andrés Terranova
laabdon.com.uy
#LaVidaPorNacional