De pequeños recuerdos

Son las 12:00 y suena ese timbre que esperabas desde marzo, cuando ya la mochila te pesaba una tonelada.

Enseguida vienen los días de acostarse tarde, levantarse bien tarde. Jugar al Goal y ganar cuanto campeonato puedas, pelotear un poco, inventar cosas. Estás de vacaciones.

Empezás a hacer todo lo que tu cabeza soñaba mientras maldecías calcando un mapa o terminando un problema complicado. Hasta que dentro de poco empezás a hacer zapping en la tele sin que nada te conforme, y te echás en la silla cada vez más acostado, te pesa la cabeza y los ojos se te cierran de aburrimiento.

No estás conectado con todos tus amigos de la escuela, no sabés nada de su vida y capaz que ni dónde viven. Pero empezás a extrañarlos. Empezás a acordarte de los chistes del que está a dos bancos, o te acordás de aquel que siempre saludás primero porque llega antes que nadie.

No da para vacaciones así que ya estás extrañando también esas excursiones. Cambiaste conocer lugares nuevos por mover una silla para que tu casa parezca distinta. Las noches de verano te desvelan y a esa hora en la tele por antena no hay ni iglesia universal.

Descubrís que al final la rutina no estaba tan mal. 

Empezás a extrañar esa tediosa ansiedad por sacar una entrada. Ir una y otra vez escuchando un “todavía no están” grande como la eternidad. Exatrañás esa impotencia de que te tomen el pelo y no tener a quién quejarte.

Tomás un ómnibus por la ciudad y todo te recuerda a algún partido, a una parada que te tenías que bajar para ir a una cancha. Lavás, ventilás, y mirás con amor a todas esas camisetas que te fueron acompañando en el año.

Sentís que la vida transcurre demasiado tranquila sin tener que planificar un viaje, sacar un pasaje, contar las horas en esas noches que no dormís porque es mejor un día cansado que perder un vuelo. Hasta miro con culpa a la valija, que me recibe cada vez que entro al cuarto y no soy capaz de mirarla a los ojos.

No tenés ni una fecha, ni una cuenta regresiva.

Extrañás a los amigos de la escuela y del Parque, extrañás las clases de canto y cantar de visitante. Extrañás la túnica blanca y la blanca que te acompaña a cada cancha. 

Pero un día te das cuenta que todo eso que comenzó con ese timbre, todavía no terminó.

Por @danielcab7
laabdon.com.uy

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