Otro domingo sin fútbol

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Ya han pasado más de 100 días del último gol que gritamos todos juntos, aquel recordado y lejano gol de Felipe Carballo por la Copa Libertadores ante Estudiantes de Merida.

Nadie pensó en ese preciso momento que iba a ser el último gol que veríamos hasta mitad de año, nadie se imaginó todo lo que pasaría después de ese gol.

Yo creo que de saber que no iba a poder gritar otro gol por 100 días, seguramente lo hubiese vivido diferente; quizás me hubiese abrazado más con mi familia y amigos, o por qué no con algún desconocido.

Pero estamos acá, a más de 100 días de gritar el ultimo gol, buscando desesperadamente sentir la misma sensación, mirando fútbol del viejo continente, pero no es la mismo, el vacío se vuelve enorme y las pocas sensaciones que me causa el “nuevo fútbol” solo hace que extrañe aún más los domingos futboleros, la tribuna, el grito desesperado por una falta no cobrada, alentar sin parar, abrazarse con amigos y extraños en un gol y por que no algún insulto al aire cuando se falla una ocasión de gol.

El consuelo que encuentro es que en algún momento volveremos a poder sentir todo los que nos robaron en un abrir y cerrar de ojos, un consuelo básico y lejano, pero que sirve como una  luz de esperanza en el final del túnel, que no sabemos si nos llevará a un lugar mejor, pero ahí está.

Son las anécdotas, los recuerdos, las cargadas y los llantos, son tantas las emociones que a veces me hacen pensar que sin ellas en un fin de semana, no queda más que esperar a que termine.

Lo más extraño es no esperar a que llegue el fin de semana para poder repetir ese ritual que se ha vuelto sagrado, los recuerdos de mi abuelo son en la tribuna, los abrazos más fuertes que me di con mis hermanos, que sin duda son los abrazos de un gol, los llantos de alegría y las risas más fuertes, esas que siempre fueron en una conquista impensada o un triunfo soñado.

Me robaron una parte de mi vida, me robaron una parte de mi alegría, de mis  tristezas y mis emociones, no se si al regresar del fútbol volveré a sentir lo mismo que antes, el miedo me recorre la espalda al pensar que la vuelta al fútbol puede ser fría y distante, que no me encuentre otra vez con mi abuelo y no sentir su abrazo en cada grito de gol. Será quizás que ahí sentiré que todo ha cambiado y que lo que nos han robado no es sólo fútbol, sino los recuerdos de las personas que nos han acompañado.

Otro domingo sin fútbol, otro domingo sin encontrarme con mi pasado, mi abuelo y tantos abrazos recordados.

Otro domingo sin fútbol, otro pedazo de mi corazón que sigue diciendo que el recuerdo más fiel de mi abuelo era en un estadio a su lado …

Guillermo Canale
laabdon.com.uy