Lucas, como todos.

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Ayer, 15 de Diciembre, un cobarde se llevó la vida de un chiquilín. La noticia corrió como reguero de pólvora: primero como rumor, después confirmada.

Tenía veinticuatro. Lucas tenía veinticuatro jóvenes años y era hincha de Nacional. O mejor dicho, era hincha del fútbol. Ese fue su pecado, ir a ver a su equipo, ir a ver un espectáculo deportivo como todos los fines de semana con el manto albo pegado al cuerpo.

Los cinco o seis estruendos que sonaron fueron a dar en él y lamentablemente por 8 de Octubre y la calle Berro los únicos que atinaron a detenerse fueron hinchas que estaban cantando y festejando. Ni la ambulancia que se encontraba a unos metros paró. Tampoco el patrullero que dobló por Berro hacia Avenida Italia a buscar al hombre que había efectuado los disparos. Solo un puñado de hinchas lo cargaron como pudieron hasta la Médica Uruguaya.

Un chiquilín como vos, como yo. Reventaron a una familia olvidándose que en el llano todos somos del mismo cuero sin distinción de color ni de vereda. Una familia que esperaba en casa a un hijo, a su chiquilín. Digamos bien que era, no solo un hincha, sino un ser humano. Alguien que tenía una vida por delante y que fue a pagar con la peor de las suertes.

Durante mucho tiempo, la prensa de este país, que hoy se rasga las vestiduras hablando de violencia en el deporte como si no existiera hace no mucho tiempo atrás y como si hubiera caído desde el cielo en un paracaídas, tal vez quiera deslindarse de ciertos datos de investigación, datos inconfesables. Querrán mirar hacia un costado -a excepción de algunos honrosos periodistas- y no dirán absolutamente nada, tal vez, porque al día siguiente lo que vende e ilustra es otra noticia, de modo que quedará en una situación trágica anecdótica.

Pero aún así, no solo nosotros sino también los hinchas de Peñarol debemos recordar y hacer memoria por este chiquilín, porque si hay algo que no nos pueden quitar, es la memoria y el recuerdo ante lo injusto. Ni el más Nacionalófilo, ni el más Peñarolense, desea infortunios como este. Esto no es fútbol; no.

Menos son hinchas. Estos son muchachos cuya niebla interna es gigantezca y buscan de algún modo (en este caso el peor de todos) cubrir sus miserias y tristezas. O peor aún: delincuentes que se camuflan debajo de una camiseta cuyos intereses nada tienen que ver con la pasión, el deporte, y el sentimiento.

Un guacho, como vos. Un guacho que caminaba en pleno sentir, festejando con sus amigos, tiritando por el frío y la lluvia, ansiando llegar a su casa para sentir el calor de su hogar y de su madre.

Ahora ya nada queda de aquél alegre festejo. Todo es silencio, dolor y recuerdo. Habrá que tener memoria y respeto por la injusticia más grande para un amigo, una novia, una familia, una madre. En memoria de Lucas, un pibe al que se lo llevaron de un manotazo, y solo fue a una cancha. Solo fue a ver un partido de fútbol.

 

 

Santiago Donamari
laabdon.com.uy