El mismo plan

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Hace dos años me senté frente a la computadora a teclear con el corazón en la mano, palabras que salían una tras otra sin pensar. La eliminación en La Plata me había pegado más duro que la discusión que tuvimos los siete que volvíamos apretados en esa camioneta.

Sin pensarlo, otra vez, estaba marcando uno de esos “momentos bisagra”, de los que gustan preguntar los eruditos del micrófono. De ahí en más empecé a sentir más y pensar solo para coordinar las palabras. Hasta llegó a ser un ritual, enganchar frases sueltas, ideas voladoras, o resumir lo que pasaba después de los partidos, hasta en los cero a cero gigantescos.

No romantizo una eliminación, puteo a todos los dioses igual que vos. Pero trato de prestarle atención a esos pozos en la ruta.

No sé cuándo, ni dónde, ni cómo, ni vieja o nueva normalidad, pero sé que la ruta tiene un rumbo. Sé que una de esas tantas pasadas rutinarias por migraciones, tendrá como destino la alegría infinita de volver con una copa a casa.

No quiero saber cuán largo va ser ese viaje, porque seamos sinceros, este viaje ya me tiene la espalda destrozada de tanta escala.

Vamos para tres meses sin ver a Nacional, y seguramente sean cuatro, cinco… Capaz que este año no nos vuelven a cortar una entrada. El pozo más grande de esta ruta.

¿Tendré que escuchar a Sonsol? ¿Tendré que perderme esos detalles tácticos que solo ves en la cancha? ¿Tendremos que juntarnos entre amigos para no gritar goles con eco en el vacío?

A veces me acuesto con la ilusión de despertar el año que viene, con la mochila pronta, agarrar las llaves y guardarlas donde pueda recordar que están, porque al fin y al cabo, siempre se puede disfrutar otro poco el abrazo de regreso a casa.

Por @danielcab7