¿Cielo o infierno?

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Pasaron dos fechas. Apenas dos fechas de comenzado el campeonato y las críticas, así como los elogios prematuros, en los comienzos, son por decir de algún modo, un tanto normales. Porque aquí lo pasional sobrepasa lo racional, es algo que surge, que sale del pecho sin reflexión previa. No somos ni el cielo que se cree haber tocado en el campeonato uruguayo pasado ni el infierno de Munúa que algunos quieren vender.

Nacional debe ganar, historia obliga. Sin ir más lejos, de dos partidos, hemos hecho un solo punto y han comenzado a aparecer ciertos fantasmas sobre el nuevo técnico, los nuevos jugadores incluso sobre algunos jugadores cuyo rendimiento en el 2019 fue altísimo. Se ha empezado a extrañar, con esa misma determinación y contundencia, al técnico campeón y a muchos jugadores actualmente no están en el club. Claro está, que ésta tendencia ha de aparecer no sólo en el fútbol sino en nuestra cotidianeidad, donde se hace fácil emitir juicios de valor dejando de lado la postura crítica premeditada.

A decir verdad, para quien escribe, no solo se daña o enaltece de forma exacerbada a la otra persona (en este caso, futbolistas y directores técnicos) sino que también de igual modo, el comentario de vereda a veces nubla la vista de uno, del hincha que opina y que ve. Y es por esto que a veces es mejor suspender el juicio y, porque no, observar de forma más detenida, para luego así, llegar a una conclusión más certera y más fiel con lo que uno piensa.

Una voz por dentro me dice: ¿Quién sos vos para decir lo que hay hacer? La verdad es que nadie. Un simple puritano escribiendo una columna en plena madrugada, reflejo creo yo, de una noche febril en la que me debato internamente y no hago mucho más que pensar en el partido anterior, y el anterior, y el ante…

Volviendo a lo que importa. Nacional de seis puntos ha obtenido solo uno. Imagen que alarma hasta al más optimista teniendo en cuenta de la forma que se ha jugado. Más allá de los resultados y del juego hay algo más que poderosamente llama la atención: Desde el comienzo de año no se ha repetido una formación titular. Algo que se había logrado el año anterior hoy no se encuentra producto de chiquilines que se fueron y otros que recién llegaron. Y es entendible.

Munúa tiene –a reventar- cinco partidos entre oficiales y amistosos. Uno de ellos una final de la Supercopa en la que no pudimos salir victoriosos. Una definición que, para ser sinceros, cobra vida cuando en frente están los primos.

En los pocos partidos que se ha podido ver al equipo, no hay una alineación titular que se repita partido a partido. Quiero decir, hay una constante en el arco, los zagueros, la mitad de la cancha (hasta el momento), y allá arriba. Sin embargo, algunos puestos son una incógnita absoluta. Desde el lateral izquierdo (Cougo- Suárez) hasta el lateral derecho (Méndez- Suárez) junto a la zona de volantes y el famoso mediocampista creativo que vaciló entre Castro, Fernández y Amaral.

Trabajar un once fijo es una necesidad y terminará por ser una obligación. Realmente conlleva tiempo y hay que dejar trabajar. Habrá que ser pacientes y estar ahí, bancando como siempre y dando para adelante. Ningún futbolista pasa de tocar el cielo a sentarse en el infierno en menos de tres meses.

Sin dudad que habrá que esperar por su mejoría porque ellos fueron quienes nos dieron la posibilidad de festejar el Uruguayo número cuarentaisiete. Y muchos, casi la gran mayoría, son de la casa. No es fácil suplantar a Viña, hombre que gracias a su complexión física puede perfectamente correr diecisiete maratones de corrido pero no lo hace porque como respira y vive Nacional, no corre.  O pregúntense, tal vez, la terrible baja que ha generado Rafa García, ser humano que tiene la camiseta inmaculada, sabedor de vencer en partidos clásicos y de jugar como hace treinta, cuarenta años.

No es fácil, no. Hay que bancar los trapos, dar para adelante a los chiquilines que llegaron y pensar siempre en lo mejor. Porque si para algo estamos, es para eso.

@santiaguionbajo
laabdon.com.uy